miércoles, marzo 19, 2008

Reflexiones sobre la situación en el Tíbet

Por John Suarez

Antes de comenzar a meditar acerca de los hechos actuales en el Tíbet, es importante ponerlo en contexto. El Tíbet fue invadido por la China China Comunista en 1949 y diez años después un levantamiento de alcance nacional fue aplastado y desde entonces ha habido un proceso de genocidio étnico contra el pueblo tibetano. Durante los últimos 49 años los intentos de diálogo y de resistencia no violenta han chocado con más represión y más violencia. Hoy, las protestas en el Tíbet y las protestas internacionales en solidaridad aparecen en las principales noticias de todo el mundo. Hay quienes en los medios internacionales se refirieron irresponsablemente a la “ Intifada Tibetana ” y se centraron en actos de violencia aislados. En televisión se ha visto destrucción de la propiedad y vehículos volcados. Si bien dentro de la no violencia estratégica, la destrucción de propiedad no es vista necesariamente como violenta, sí está abierta a cierta interpretación. Esto ha caído a favor de las autoridades de la ocupación china para defender el uso de la violencia para ejecutar extrajudicialmente a decenas de tibetanos, y reclamar contra la violencia homicida de los tibetanos. El líder espiritual del pueblo tibetano, el Dalai Lama, consideró a la supuesta violencia realizada por los tibetanos como un “ acto suicida ”. El mundo está viendo una vez más la observación de Mahatma Gandhi respecto a que la “violencia siempre acarrea una contra-violencia”. Durante los últimos 50 años el Dalai Lama se ha aferrado a la resistencia no violenta como el medio para confrontar al ocupante chino. Comprendió que Mahatma Gandhi, en el siglo XX, “produjo un recurso muy sofisticado porque implementó la filosofía muy noble de la no violencia en la política moderna, y tuvo éxito. Es una gran cosa. Su experimentación con la verdad , representó un salto evolutivo en la conciencia política”.
¿Pero cuál es la noble filosofía de Gandhi? Para resumirlo en una palabra, es satyagraha . Según Gandhi “su significado de raíz es aferrarse a la verdad, por lo tanto la fuerza de la verdad. También la he llamado la fuerza del amor o la fuerza del alma. En aplicación del satyagraha , descubrí en los estadios más tempranos que la búsqueda de la verdad no admitía la violencia aplicada sobre ningún opositor sino que se debe detestar el error mediante la paciencia y la simpatía. Ya que lo que aparenta ser verdad para uno puede parecer un error para el otro. Y la paciencia significa auto-sufrimiento. Entonces la doctrina pasó a significar la reivindicación de la verdad, sin infligir sufrimiento sobre el oponente, sino sobre uno mismo”. Aplicado a la política se manifiesta como desobediencia civil . Gandhi describía a la desobediencia civil como “no sólo como el derecho natural del pueblo, especialmente cuando no tiene una voz efectiva en su propio gobierno, pero también es un sustituto para la violencia y la rebelión armada”.
El problema con los hechos en el Tíbet es que sin importar cuan mínima sea la violencia, contaminará a la resistencia en su totalidad y disminuirá su efectividad y legitimidad mientras al mismo tiempo le brinda al opresor vía libre para aumentar la represión. Esas voces y esos activistas que apoyan la quema de automóviles y el saqueo de tiendas en defensa de la independencia tibetana ocasionan un gran daño a la causa. El Dalai Lama llamó “al liderazgo chino a dejar de usar la fuerza y encausar el largo resentimiento del pueblo tibetano a través del diálogo con el pueblo tibetano. También le pido a mis compañeros tibetanos que no recurran a la violencia”. El Dalai Lama no está llamando a los tibetanos a cesar sus protestas sino a protestar y resistir sin violencia . Parece que los medios ven a estas dos ideas (no violencia y resistencia) como contradictorias. Mahatma Gandhi, por su parte, no encuentra ninguna contradicción sosteniendo que “la desobediencia civil no admite ninguna violencia o apariencia de violencia directa o indirectamente”.
Quienes defienden una Intifada tibetana hoy deberían recordar las observaciones de Gandhi durante la lucha en India por la independizarse encia de Gran Bretaña acerca de que “la violencia popular es un obstáculo tan grande en nuestro camino [hacia la independencia] como la violencia del gobierno” y “lo que la violencia sin sentido logra, es prolongar la vida del gobierno británico o de cualquier gobierno extranjero”. Tal como se aplicó para India, también se aplica para la ocupación china del Tíbet ahora. Finalmente deberían recordar que la Intifada palestina no ha logrado el objetivo de un estado palestino independiente. Permitir que violentos que arrojan piedras estén asociados con un mayor movimiento no violento como sucedió en Palestina es un error estratégico de primer orden. No hay que permitir que las frustraciones justificadas con la s acciones malvadas de la ocupación china estallen en una violencia que sólo servirá a los intereses del adversario extremadamente bien armado.
Como observadores de este conflicto debemos pedir a China que reconozca el derecho del pueblo tibetano a mantener sus costumbres y tradiciones y denunciar el genocidio cultural y étnico que viene cometiendo la ocupación china en el Tíbet.

Artículo publicado por CADAL, 19 de marzo del 2008.

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